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El nuevo visitante de Acapulco

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Durante el verano pasamos tres semanas en uno de los hoteles en Acapulco, que hacen de este destino un verdadero espectáculo y un lugar que, pese a sus problemas, no me canso de visitar, ya que Acapulco tiene una forma de meterse en la piel de cualquiera que lo visite más de dos veces, convirtiéndose en parte de la persona que visita.  

Esto es tan real que en los años de la década de los cincuenta y sesenta Acapulco era simplemente la capital turística del mundo, un lugar donde las celebridades más grandes e influentes del mundo, así como los líderes políticos más importantes pasaban todas sus vacaciones.   

Naturalmente, las cosas cambian y la corona de olivos nunca se posa en una sola cabeza por más tiempo de lo que la naturaleza dictamina y hoy en día, el bello puerto de Acapulco no tiene el glamur que tuvo en aquellos años; sin embargo, retiene su belleza y su magia imposible de borrar por nada ni nadie.     

Si bien he dicho que el mundo cambia, no me refiero solamente al mundo humano, sino también al mundo natural, ya que en los últimos años cosas impensables para el pasado suceden el día de hoy cada vez más.   

Acapulco, aunque muchas veces los turistas no lo veamos, es un lugar con una flora y fauna muy extensa, donde habitan una gran cantidad de creaturas tanto terrestres como marinas.   

La vida marina de Acapulco siempre a consistido de creaturas como el delfín, tiburón  pez vela, pulpo, pez globo, erizos y muchas especies más, muy familiares para los pescadores y científicos pero no tanto para turistas como yo.     

Sin embargo, hay muchos pescadores y personas quienes viven en vecindad con el mar de esta región, quienes afirman que las cosas están cambiando y que hay nuevos visitantes a los mares acapulqueños.  

Uno de estos visitantes es una especie que podría causar terror a toda la población local y turística que visita Acapulco de igual manera, este nuevo visitante en nada menos y nada más que el tiburón blanco.          

A lo largo de un año, más de una docena de pescadores ha reportado ver a un tiburón más grande que sus lanchas nadando por las aguas de Pie de la Cuesta y hasta cerca de la entrada a la bahía de Acapulco.     

Las sospechas comenzaron por la reducción de ciertos peces, quienes se encontraban con mucha facilidad, un fenómeno que no sabían a qué atribuírselo, hasta que un pescador detecto a lo que el dice ser un tiburón blanco. 

Después de aquel encuentro, más y más pescadores han reportado haber visto a uno de estos gigantes de las profundidades.  

En tiempos pasados, esto hubiera sido prácticamente imposible; sin embargo, el día de hoy, debido a los cambios climáticos, es posible que algunos de los tiburones blancos que tanto visitan a Baja California viajen al sur erróneamente, en busca de aguas más frías y pasen por Acapulco, un lugar que hasta a los tiburones les gusta.  

De camino a la Sierra Tarahumara

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En uno de los territorios más agrestes del norte de México, en el corazón de la Sierra Madre Occidental, florece uno de los pueblos más antiguos de nuestro territorio; los tarahumaras. Algunos investigadores plantean que los antepasados de estas comunidades provenían de Mongolia y llegaron al continente americano por el estrecho de Bering; esto hace más de treinta mil años.

Especialistas como el historiador Luis Alberto González Rodríguez, explican que el término tarahumara es la castellanización del nombre original rarámuri. Para encontrar la conexión entre ambos vocablos, conviene aclarar que la “r” inicial es de pronunciación suave, lo que presuntamente dio lugar a derivaciones como tharamuri, tharamara y finalmente taraumara.

El significado que se ha propuesto para el nombre rarámuri alude a una de las actividades predilectas de los tarahumaras y en la que son asombrosamente hábiles; correr. Rarámuri quiere decir “pies alados” y, en efecto, los tarahumaras parecen tener alas que les permiten desplazarse ágilmente y sin necesidad de calzado especial, por los estrechos e inaccesibles senderos que apenas se distinguen entre la sierra.

Además de asombrosos atletas, los tarahumaras son agricultores, ganaderos y hábiles artesanos. Para vender sus cestos de palma, ollas de barro y sus textiles de hermosos bordados, algunas comunidades tarahumaras bajan a Guachochi, una pequeña ciudad en el estado de Chihuahua, rodeada de cerros y vegetación boscosa. Desde aquí se puede iniciar el camino hacia los lugares más recónditos de la Sierra Tarahumara.

La manera más sencilla de llegar a Guachochi es trasladándose primero a Parral, la ciudad más cercana. Desde ahí se puede viajar en auto o camión hasta el pintoresco “lugar de garzas” –tal es el significado del vocablo guachochi. La ciudad cuenta con todos los servicios necesarios para vivir y viajar cómodamente. Además, con el auge del ecoturismo en la zona, hay varias alternativas de hospedaje y tour-operadores que ofrecen recorridos a las barrancas.

A las afueras de la ciudad se encuentran lugares como El Salto, un parque con una impresionante cascada de 15 metros en el que también se construirá una serie de tirolesas. Al norte de la ciudad se encuentra un conjunto de manantiales, cuyas temperaturas alcanzan los 40 grados centígrados. En los alrededores se han construido cabañas y asadores, para quienes deseen explorar los alrededores y recorrerlos sin prisas.

Lo mejor de estos proyectos es que se desarrollan en colaboración con las comunidades tarahumaras, garantizando en todo momento la conservación del entorno y que ellos, como pobladores originarios, sean los administradores de sus tierras.

La barranca más cercana a la ciudad de Guachochi, es la Sinforosa. Es un territorio ideal para practicar el senderismo y ascender a los miradores, desde los que se pueden contemplar vistas espectaculares. Lo mejor es llegar a la hora del atardecer, para contemplar las distintas tonalidades de anaranjado, rojo y violeta que tiñen el cielo.

Para disfrutar de la belleza natural de la Sierra Tarahumara y acercarse a la cultura y tradiciones de los rarámuris, los invitamos a visitar Chihuahua. Los vuelos VivaAerobus pueden llevarlos a la capital del estado, para comenzar desde ahí la aventura.

Donde todo comenzó

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Michoacán, el lugar de los que poseen el pescado, según la interpretación de los vocablos nahuas, es un estado del occidente de México, rico en historia, tradiciones y bellezas naturales.

Ahí floreció la cultura purépecha, el pueblo que se afirma como representante de la humanidad. Rodeados de lagos y con el mar próximo, los purépechas y otros pueblos vecinos aprendieron a convivir con la mágica fuerza del agua y se desarrollaron como hábiles pescadores. Tan importantes han sido estos seres acuáticos para su alimentación y sustento, que la imagen del pescado corona el glifo del estado y es un elemento constante en los decorados artesanales.

En esta región de asombrosas bellezas naturales y centenarias tradiciones, comenzó nuestro viaje por la historia y la cultura de distintos pueblos del mundo. En aquel entonces fuimos tres amigos los que nos aventuramos por la región lacustre de Pátzcuaro y  contemplamos la artística forma en que los pescadores manipulan sus redes, cual si batieran unas inmensas alas para fundirse con las aguas. Después nos dejamos adormecer por el ritmo de las Pirekuas, la música tradicional de la región, y por la noche nos deleitamos con una exquisita cena de pescado blanco.

Las danzas, las artesanías, los sitios arqueológicos, todo fue un llamado a continuar explorando, primero el estado, después otros rincones del país y luego el mundo. Como escribiera J.R.R. Tolkien, el más extraordinario de los viajes puede comenzar con sólo salir al camino, pues él es vínculo que nos conecta con el resto del mundo. Los invitamos, entonces, a recorrer los caminos y a escuchar las historias que todos tienen para contar.