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De camino a la Sierra Tarahumara

raramuris

En uno de los territorios más agrestes del norte de México, en el corazón de la Sierra Madre Occidental, florece uno de los pueblos más antiguos de nuestro territorio; los tarahumaras. Algunos investigadores plantean que los antepasados de estas comunidades provenían de Mongolia y llegaron al continente americano por el estrecho de Bering; esto hace más de treinta mil años.

Especialistas como el historiador Luis Alberto González Rodríguez, explican que el término tarahumara es la castellanización del nombre original rarámuri. Para encontrar la conexión entre ambos vocablos, conviene aclarar que la “r” inicial es de pronunciación suave, lo que presuntamente dio lugar a derivaciones como tharamuri, tharamara y finalmente taraumara.

El significado que se ha propuesto para el nombre rarámuri alude a una de las actividades predilectas de los tarahumaras y en la que son asombrosamente hábiles; correr. Rarámuri quiere decir “pies alados” y, en efecto, los tarahumaras parecen tener alas que les permiten desplazarse ágilmente y sin necesidad de calzado especial, por los estrechos e inaccesibles senderos que apenas se distinguen entre la sierra.

Además de asombrosos atletas, los tarahumaras son agricultores, ganaderos y hábiles artesanos. Para vender sus cestos de palma, ollas de barro y sus textiles de hermosos bordados, algunas comunidades tarahumaras bajan a Guachochi, una pequeña ciudad en el estado de Chihuahua, rodeada de cerros y vegetación boscosa. Desde aquí se puede iniciar el camino hacia los lugares más recónditos de la Sierra Tarahumara.

La manera más sencilla de llegar a Guachochi es trasladándose primero a Parral, la ciudad más cercana. Desde ahí se puede viajar en auto o camión hasta el pintoresco “lugar de garzas” –tal es el significado del vocablo guachochi. La ciudad cuenta con todos los servicios necesarios para vivir y viajar cómodamente. Además, con el auge del ecoturismo en la zona, hay varias alternativas de hospedaje y tour-operadores que ofrecen recorridos a las barrancas.

A las afueras de la ciudad se encuentran lugares como El Salto, un parque con una impresionante cascada de 15 metros en el que también se construirá una serie de tirolesas. Al norte de la ciudad se encuentra un conjunto de manantiales, cuyas temperaturas alcanzan los 40 grados centígrados. En los alrededores se han construido cabañas y asadores, para quienes deseen explorar los alrededores y recorrerlos sin prisas.

Lo mejor de estos proyectos es que se desarrollan en colaboración con las comunidades tarahumaras, garantizando en todo momento la conservación del entorno y que ellos, como pobladores originarios, sean los administradores de sus tierras.

La barranca más cercana a la ciudad de Guachochi, es la Sinforosa. Es un territorio ideal para practicar el senderismo y ascender a los miradores, desde los que se pueden contemplar vistas espectaculares. Lo mejor es llegar a la hora del atardecer, para contemplar las distintas tonalidades de anaranjado, rojo y violeta que tiñen el cielo.

Para disfrutar de la belleza natural de la Sierra Tarahumara y acercarse a la cultura y tradiciones de los rarámuris, los invitamos a visitar Chihuahua. Los vuelos VivaAerobus pueden llevarlos a la capital del estado, para comenzar desde ahí la aventura.

Donde todo comenzó

lago-de-patzcuaro

Michoacán, el lugar de los que poseen el pescado, según la interpretación de los vocablos nahuas, es un estado del occidente de México, rico en historia, tradiciones y bellezas naturales.

Ahí floreció la cultura purépecha, el pueblo que se afirma como representante de la humanidad. Rodeados de lagos y con el mar próximo, los purépechas y otros pueblos vecinos aprendieron a convivir con la mágica fuerza del agua y se desarrollaron como hábiles pescadores. Tan importantes han sido estos seres acuáticos para su alimentación y sustento, que la imagen del pescado corona el glifo del estado y es un elemento constante en los decorados artesanales.

En esta región de asombrosas bellezas naturales y centenarias tradiciones, comenzó nuestro viaje por la historia y la cultura de distintos pueblos del mundo. En aquel entonces fuimos tres amigos los que nos aventuramos por la región lacustre de Pátzcuaro y  contemplamos la artística forma en que los pescadores manipulan sus redes, cual si batieran unas inmensas alas para fundirse con las aguas. Después nos dejamos adormecer por el ritmo de las Pirekuas, la música tradicional de la región, y por la noche nos deleitamos con una exquisita cena de pescado blanco.

Las danzas, las artesanías, los sitios arqueológicos, todo fue un llamado a continuar explorando, primero el estado, después otros rincones del país y luego el mundo. Como escribiera J.R.R. Tolkien, el más extraordinario de los viajes puede comenzar con sólo salir al camino, pues él es vínculo que nos conecta con el resto del mundo. Los invitamos, entonces, a recorrer los caminos y a escuchar las historias que todos tienen para contar.